jueves, 22 de noviembre de 2007

¿Y qué esperaban?


El tan comentado fin de la prensa tradicional ha generado tanto revuelo en la opinión de los colegas periodistas, que da la impresión de que nunca se lo hubiesen esperado.

Algo así como si, de un día para otro, te dijeran que tienes un hijo, sin haber vivido todo el proceso que esto conlleva.

El fin de la prensa convencional y la muerte de viejos códigos de periodismo a nivel mundial no es un tema nuevo, ni mucho menos sorprendente.

Al parecer, el mundo del periodismo tradicional no ha hecho el ejercicio de mirar hacia atrás para recordar los caminos –y la forma de caminar- que ha tenido la prensa estos últimos años.

Y si vamos más hacia atrás, entonces deberíamos partir con la base del quehacer periodístico en sus inicios. Su esencia.

El periodismo nació como una forma de comunicar lo que la ciudadanía no sabía. En el fondo, el trabajo del periodista tenía la nobleza de dar a conocer por y para las personas, las situaciones que se sucedían en momentos determinados y que debían ser comunicadas.

Sin embargo con el paso del tiempo –y como todo en esta vida- la hermosa iniciativa de este periodismo puro y desinteresado cayó rápidamente en la dinámica del mercado.

Claro, ahora se trataba de un negocio, y como tal, debía generar ganancias.

El periodismo comenzó a ser parte de un mundo acelerado de consumismo y rentabilidad, en donde los medios no tenían –hasta hoy continúa siendo así- la autonomía que le debe corresponder a esta profesión, sino que muy por el contrario, debía generar ganancias, pensar de una manera determinada y, por ende, comunicar lo que debe ser comunicado, y de la manera que debe ser comunicado, según los dueños del medio en cuestión.

La libertad de prensa se fue a las pailas y con esto, el periodismo se distorsionó.

Los grandes conglomerados y sus marcadas ideologías se comieron a los pequeños medios que aún intentaban ejercer el periodismo como tal.

Sin hablar de fechas ni de procesos político-económicos de cada país, es posible distinguir el cambio sostenido de la prensa tradicional en todo el orbe.

Y, como todo en este mundo parece estar ligado por una pequeña línea que une las tendencias mundiales, el cambio de siglo y la llegada de la “era digital” nos afectó a todos sin excepción.

Es que nadie que tenga la capacidad de entender que el periodismo es un negocio, puede sorprenderse de que hoy, como todo en el mundo del mercado, se vea afectado por la globalización y las nuevas tendencias digitales.

El periodismo tradicional es un producto, y como tal, ha debido enfrentar la llegada de una poderosa corriente capaz de cambiar el rumbo y las formas de relación humanas.

Internet y su insoportable conectividad han hecho temblar el ejercicio periodístico. El nuevo “periodismo ciudadano” y la explosiva masificación de medios no-tradicionales en la web han hecho titubear hasta al más asiduo defensor de las letras y el papel.

Muchos señalan que debemos ser capaces de insertarnos en esta nueva dinámica que no parece tener piedad. Muchos creen que el periodismo escrito debe mantenerse vivo en cuanto a su capacidad humanizadora se trata. Otros muchos creen que la debacle es cosa de tiempo. Y de poco tiempo.

Las nuevas tendencias han arrasado con el mundo del periodismo tradicional, que nunca pareció prever que algo así podía suceder. Error.

Si la profesión de periodista hubiese estado bien enfocada, bien encausada y más aún, transparentada, tal vez el golpe no habría sido tan fuerte. Dolería menos.

Si en las escuelas de periodismo nos hubiesen enseñado desde un inicio que el periodismo en sí es un ejercicio que cualquiera lo puede hacer, no estaríamos muertos de miedo ante los nuevos “reporteros ciudadanos”.

Es más, si se nos enseñara desde un inicio a entender que el periodismo es periodismo como tal sólo cuando existe un trabajo de calidad, novedoso, atractivo, bien escrito y por sobre todo LIBRE Y VERDADERO, nuestra autoestima hoy no estaría por el suelo.

El miedo de la prensa tradicional a terminar siendo un vago recuerdo en la mente de nuestros padres y abuelitos, parece fundarse en la nula capacidad de entender que los caminos que la prensa ha elegido durante sus años de vida nos han llevado inevitablemente a esto. A ser un producto que ya no sirve.

El mercado arrasó con los ideales y las utopías de la información clara y precisa, y trajo consigo el mundo de la comunicación de masas, de grandes flujos de información, de millones de dólares en ganancias, de millones de personas sobre-informadas.

Y si algún valiente del antiguo periodismo se atreve a poner en duda la efectividad de la web, o la poca veracidad de la información que existe en la red, la triste verdad es que todo eso, poco importa.

Leer algo falso es cosa de todos los días. Es como un nuevo periodismo de ficción que anda suelto en los gigantes pasillos del mundo digital, que parece no incomodar a nadie sino que, muy por el contrario, los nuevos periodistas digitales se encargan de alabar.

“En la red, uno lee lo que quiere, y cree en lo que quiere creer”. Así te responden ellos.

Lo que pasa es que hoy hay de todo, para todos. El desafío está en seguir creyendo que es posible comunicar certera y verazmente, aunque sea en un mundo digital plagado de mentirosillos.

El punto está en seguir sintiéndonos útiles, seguir creyéndonos necesarios en este nuevo mundo que no quisimos ver, y que hoy se nos abre ante nosotros como un gigante que nos quiere aplastar. Y ante eso, sólo hay dos opciones: unirse, o escapar.


3 comentarios:

daniel dijo...

Que bien!

Estas clara como el cielo!

daniel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Kris dijo...

Pura verdad pos amiga!!!

Efectivamente la labor del periodista ya no debería ser la misma que antes. Y esto afecta a la gran mayoría de los profesionales, que deben manejar mayor información y tener al menos una idea de como entregarla mediante las miles de herramientas que estan a la mano. Siempre he pensado que la labor del periodista es una tarea muy atractiva, flexible y dinámica, ya que va ligada a muchas otras disciplinas y abarca un campo gigantesco. Despues de todo, utilizan "la palabra" como una herramienta de trabajo muy poderosa y que bien utilizada provoca cambios inimaginables. Como dices bien, las personas ahora tienen mayor acceso a información de la manera que sea y para quien sea...y la interpretarán como quieran.
El tema en cuestión es saber de que forma es la nueva expresión del periodista, sobretodo cuando las cosas comienzan a diversificarse cada vez mas...las personas necesitan ahora ir armando su puzle con piezas de otros que coinciden con las suyas. Estamos viviendo un proceso increiblemente grandioso y que es algo asi como la "vuelta al origen" por medio de la tecnología. ¿Y que es esto?. Lo que todos ya estamos experimentando, que es el comenzar a mirar al del lado, la comunidad, menos apatronados...tanto en el ambiente laboral como en el social, en donde las personas reconocen que las cosas ya no las puede hacer una sola persona, en donde la riqueza está muchas veces como resultado del trabajo de muchas manos...en donde todos participamos de verdad.