sábado, 11 de octubre de 2008

Actualidad Latinoamericana

Uruguay y Chile, los menos corruptos de Latinoamérica

Empatados, pero no iguales

Ambos países aparecieron en el número 23 a nivel mundial y primeros en Latinoamérica, según el informe de Transparencia Internacional. Sin embargo, tras este empate, encontramos una historia marcada tanto por dictaduras similares, como por distintas formas de concebir la política y la sociedad, lo que nos habla de países similares, pero con grandes diferencias.

Por Alejandra Yermany

Este pasado martes 23 de septiembre se dio a conocer el ranking del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, entregando el primer lugar para Canadá y declarando un empate entre Chile y Uruguay en primer lugar de Latinoamérica, y nº 23 a nivel mundial.

El estudio, aplicado a 180 naciones de todo el mundo, arrojó interesantes datos sobre la percepción de la corrupción y los factores más relevantes que continúan afectando la lucha contra la corrupción. Específicamente en América Latina y el Caribe, los estudios demuestran que a pesar del crecimiento económico producido en la región el año pasado, de un 5%, no se ha logrado disminuir la desigualdad de ingresos.

Dentro de este contexto, Chile y Uruguay aparecen con la mejor calificación de la región (un 6.9, donde 10 es lo menos corrupto y 1 lo más corrupto). Y aunque nuestro país haya bajado una décima respecto del año anterior y se haya alejado del puesto nº17 alcanzado en el año 2002, hoy, junto con Uruguay se presenta como el país menos corrupto.

Lo que nos une y nos separa…

Chile y Uruguay poseen una base histórica similar. Sus transiciones, desde la independencia hasta los difíciles momentos de la dictadura, han compartido fechas y procesos similares. Uruguay se ha constituido como un país con dos referentes políticos, los “colorados” (liberales) y los “blancos” (conservadores), que vendrían a ser la izquierda y derecha de nuestro país respectivamente, pero que a la vez son distintos. El Partido Colorado tiene ideologías variadas: socialdemócrata, derecha liberal, conservadurismo y humanismo, mientras que en el Partido Nacional (los “blancos”) conviven ideas conservadoras y católicas. Mientras que en Chile, la izquierda se identifica con los ideales socialistas con fuerte poder del estado, y la derecha es partidaria del mercado liberal.

En los años 70, la agitación social azotó a ambos países, produciéndose golpes de estado durante 1973. En el caso de Uurguay, el entonces presidente Juan María Bordaberry (hoy procesado por delitos de lesa humanidad) disolvió el parlamento y se alió a las fuerzas armadas. En Chile, el presidente Salvador Allende y su gobierno socialista fueron destruidos por un golpe militar, con el general Augusto Pinochet a la cabeza.

Tanto en Chile como en Uruguay se vivieron momentos de caos social y político, las libertades se vieron restringidas por las fuerzas militares y las reformas económicas implantadas en ambos países tuvieron un corte liberal, de comercio exterior y apertura económica.

El proceso de retorno a la democracia también fue similar, pero en Uruguay, la voz del pueblo y los derechos cívicos fueron escuchados con anterioridad. Se realizaron elecciones similares al plebiscito de 1989 en Chile y triunfó el Partido Colorado (de tendencias más liberales). Ya en 1985, con la elección del colorado Julio María Sanguinetti, Uruguay volvió a la democracia.

En Chile, en cambio, los partidos políticos –en dónde existía un partido de centro, a diferencia de Uruguay- debieron formar alianzas para enfrentar las elecciones. En nuestro país, la democracia volvió en manos de la Concertación de Partidos por la Democracia, que reunía a la centro-izquierda nacional.

Ambos países recuperaron la democracia de manos de los partidos de tendencias más izquierdistas y liberales. Pero el camino por recorrer los fue distanciando, porque si bien ha habido procesos similares, las formas de entender las sociedades y la fuerza cívica de ambos países son muy distintas.

Uruguay es el país más plenamente democrático de América del Sur, según un estudio de The Economist, y cree en los principios de no intervención, el multilateralismo, el respeto de la soberanía nacional, y la confianza en la ley para resolver las controversias. Es el país (junto con Costa Rica) con la distribución de ingreso más equitativa entre el 10% más rico y el 10% más pobre y además -un dato no menor- es el país más alfabetizado de Latinoamérica según las Naciones Unidas (Chile ostenta un 95,7%). Esto se explica porque Uruguay fue la primera nación del mundo que estableció por ley un sistema educativo gratuito, obligatorio y laico en 1877.

A partir de esto, la brecha social de ambos países se distancia. Porque a pesar de la disminución de la pobreza en nuestro país (desde un 38,6% en 1990 hasta un 13,7% en el 2006, según la encuesta CASEN), en chile el quintil más rico del país gana 13,10 veces lo que recibe el quintil más pobre del país, lo que sigue generando profundas desigualdades.

Por último, es importante entender que las economías de ambos países no comparten las mismas estrategias. Uruguay basa su economía en la exportación agrícola y un fuerte gasto social. La mayoría de las empresas de servicios básicos (luz, agua, telefonía) están en manos del Estado, lo que nos entrega una idea de cómo entienden la economía en torno a la estatización de recursos, versus la privatización en nuestro país. Porque Chile planea sus estrategias económicas mirando al norte, con un libre mercado que si bien tiene a nuestro país como una de las economías más globalizadas del mundo, no ha logrado disminuir la desigualdad socioeconómica.

Con todo esto, sólo queda señalar que si bien podemos estar primeros en los niveles de transparencia en Latinoamérica, Uruguay, que nos empata, ha comprendido mejor las formas de desarrollo democráticos de las sociedades, mostrando una imagen país al mundo que si bien no tiene el poder económico de Chile, merece un reconocimiento especial –y a mi modo de ver más importante- por sus excelentes gestiones en democracia y equidad social.

lunes, 2 de junio de 2008

No hay tregua

Para preparar una buena novela existen distintas recetas, según el gusto de quién cocina.
Saber mezclar con certeza ingredientes y sabores, con el toque justo de cada cual, no se logra sólo siguiendo instrucciones. Hay que ir probando. Si se quiere lograr un plato final fuerte, picante, de esos que quedan dando vueltas en el paladar durante un buen tiempo, las especias deben ser protagonistas contundentes: un toque de corrupción, ojala política, y mucho poder. Todo bien revuelto en el contexto histórico preciso hará de este, un plato inolvidable e irresistible para los comensales.

Tomás Eloy Martínez cocinó un par de veces siguiendo esta receta. Y probó el sabor del éxito. Con La Novela de Perón (1985) y Santa Evita (1995), dio en el equilibrio perfecto entre un plato elegante, sólo para paladares refinados y uno más bien popular, con toques de cercanía y sensibilidad que no podían fracasar en un país como Argentina, que se ha habituado a vivir de los recuerdos. De un país que fue y que ya no es.

Y como un buen chef que busca innovar en su cocina, Tomás Eloy Martínez se atrevió a cocinar sobre el presente. El vuelo de la reina (ganador del premio Alfaguara de novela, 2002) resultó de una extraña mezcla de sabores.

Algunas cucharaditas de amor y pasión enfermiza, una pizca de crítica religiosa, toques suaves de poder en los medios de comunicación y varias tazas llenas de política, en una sociedad que ha perdido su esplendor de antaño. La mezcla nos da como resultado el reflejo de una sociedad enferma en tiempos en que el ejercicio desmedido del poder se traspasa a todas las esferas de la vida. Sabores reconocidos en toda Latinoamérica. Un plato moderno de gustillos estridentes y no muy sanos, pero adquiridos por la mayoría. Un producto que vende.

La historia transcurre en una Argentina sumida en la corrupción política, en donde los medios de comunicación son protagonistas y cómplices de este juego de poder. G. M. Camargo es el director de un importante diario trasandino y Reina Remis, la periodista objeto de su obsesión.

“Así harás vos, Camargo. La llamarás y le repetirás: mañana. Cuando por fin estés ante su puerta, Reina inclinará la cabeza y vos la pondrás de rodillas, sin permitirle que se levante nunca más.”

Camargo quiere imponer el poder que ostenta en el diario sobre la mujer que lo desprecia, sobre el amor no correspondido. El personaje principal encarna la miseria de quien ha perdido el control. O más bien, de quien sólo lo ha tenido en su trabajo, dejando que su vida personal sea un desastre. Su ex esposa lucha por la salud de una de sus hijas mientras que nuestro protagonista se desvela observando escondido el motivo de su trastorno. “Para no perder ningún detalle, Camargo la observa a través de su telescopio Bushnell de sesenta y siete centímetros que está montado sobre un trípode. Hace diez días alquiló el departamento donde está ahora porque las ventanas del único ambiente se enfrentaban con las del dormitorio de la mujer como un espejo”.

El juego sucio y el difuso límite entre la realidad y la ficción –la locura y la razón- son parte protagónica de El vuelo de la reina. Tanto así, que el autor se dio el lujo de escribir una nota final: “Todos los personajes y lugares de esta novela, aun los que parecen tomados de la realidad, corresponden al orden de la ficción. Leerlos de otro modo violentaría su naturaleza. Un problema menos, un éxito más para Tomás Eloy Martínez.

Leer El vuelo de la reina es como ver el noticiario de la noche. Es sentarse frente a un espejo. Es contemplar que el mundo está podrido y que la crueldad y la enfermedad son nuestros compañeros de vida. Parte de la normalidad de nuestras sociedades.

Soñar que la historia de amor entre Camargo y Reina podría ser como el romance de La Tregua de Benedetti sería ingenuo. Sin embargo, ambas novelas parecen ser el resultado de una misma idea, en dos épocas distintas.

Martín Santomé sería el hombre más envidiado por Camargo. Pero el protagonista de La Tregua (1960) es un tipo mediocre, derrotado por la vida, que vive contando los rutinarios días que faltan para su jubilación. ¿Habría cambiado, el poderoso Camargo, su éxito profesional por una historia de amor con Laura Avellaneda? Si bien no posee el perfil de Reina Remis, sí tiene la capacidad de entregar amor. El amor locamente ansiado por Camargo, sólo obtenido por Santomé.

“Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor.” Así comprendía Martín Santomé, rejuvenecido, que no hay fracaso ni mediocridad alguna que pueda ofuscar la euforia inconmensurable de un inesperado amor para la redención. Mientras tanto Camargo, al no poder retener el suyo, a pesar de desearlo para él con todas las fuerzas de su distorsionado ego, lo destruye.

A Benedetti se le escapa la poesía por los poros. Transforma con ella el infame diario de vida del oficinista casi jubilado, en el más sobrecogedor de los relatos de amor. Una tragedia que sorprende por su desgarradora crudeza, revelándonos insignificantes ante los caprichos del tiempo. Un amor en el año 1960, versus la pasión enfermiza de Camargo en el 2002. La historia de dos países. Treinta años atrás. Treinta años después.

Tomas Eloy Martínez echa los mismos ingredientes a la olla, pero Camargo se desenvuelve en la desesperación frenética de un comienzo de milenio que ya no aguanta el ritmo, mientras que Santomé mantiene aún su intimidad y pensamientos ajenos a su gris vivir de oficinista. La ciudad en la que vive apenas vislumbra el caos de los tiempos venideros. Benedetti, como buen poeta contemplador de los tiempos, los hace entrever en su prosa. Hoy, muchos años después, vemos la evolución de aquellos primeros síntomas que Santomé registraba escéptico en su diario, en la vida de Camargo.

Pero ya no hay tiempo para cazuelas ni romanticismos. Hoy podríamos decir incluso, sumidos en un mundo sin pausas ni alma, regido por leyes de mercado y poderes inexorables, que la novela de Benedetti es un suave cliché. Una añoranza. Ya no hay tiempos para diarios de vida ni ensimismamientos cargados de compasión. Camargo es la bencina misma de la maquina; circuito del sistema. Es parte inevitable de la cruel cadena alimenticia. Y nuestros corazones ya no miran con ternura ni romanticismo, pues están saturados de colesterol.

martes, 13 de mayo de 2008

Anne Chapman

Ayer fui a la conferencia de Anne Chapman, la antropóloga franco-americana que ha investigado desde los años 60 a los pueblos extintos de Tierra del Fuego, sobre el rapto de los Kaweskar en 1881 y de los Selknam en 1889.

Todo esto, en el Centro cultural Palacio de la Moneda.

Les resumo: En Punta Arenas, en la isla grande, fueron secuestrados por un cazador de focas, un grupo de 11 indígenas Kaweskar (o Alacalufes). Se dice que fue un secuestro porque ellos no tenían la mayor idea de lo que estaban haciendo. Lo más probable es que desde sus canoas, este cazador de focas alemán los haya subido a su barco.

El alemanote los llevó a Europa. Estuvieron en un "zoológico de aclimatación” en dónde estaban expuestos frente al público, igual que animales. Varios antropólogos estudiaron sus comportamientos y elaboraron una serie de hipótesis para explicar porqué estos indígenas eran inferiores a los demás seres humanos “evolucionados” como nosotros.

Las hipótesis eran de lo más absurdas –todas fueron rechazadas, sin llegar a consenso- y hablaban de que los indígenas debían ser inferiores por su capacidad craneana, por la longitud de sus extremidades, por la forma de utilizar las manos y por la falta de curiosidad…todas ideas absurdas y –por supuesto- erradas.

Lo más gracioso era que mientras sostenían una hipótesis, los medían y los analizaban, sacando resultados no sólo insuficientes sino que además, absolutamente opuestos a lo que pensaban. Sus brazos no eran más largos –y más parecidos a los monos- como ellos creían sino que, por el contrario, eran incluso más cortos que los del hombre moderno. Incluso el tema de la curiosidad fue cuestionado más tarde por uno de los antropólogos, ya que la curiosidad tiene relación con el interés, y eso es relativo. Lo más probable es que nada de lo que ellos estaban viviendo les llamaba la atención, no así las cosas que se sucedían en sus vidas cotidianas en el sur de Chile, que de seguro, eran fenómenos naturales.

Al final, para resumir, muchos de ellos murieron durante el viaje por Europa, por enfermedades desconocidas para ellos, como la peste.

La historia de los secuestros de los Selknam es aún más terrible, porque dadas las características de esta cultura –no eran canoeros, sino cazadores recolectores de tierra firme- cabe suponer que la captura tiene que haber sido precedida por escenas de violencia, en dónde ellos, con sus arcos y flechas, poco podían hacer para defenderse.

Todo lo demás es similar a la historia anterior. También fueron sometidos a exposición pública, sólo que en este caso, no fueron seguidos por antropólogos, por lo que no existen mayores detalles ni estudios sobre esta experiencia.

Anne Chapman es una mujer que ha dedicado gran parte de su vida al estudio antropológico de pueblos en México y Chile. Tiene historia de sobra como para que puedan investigar más sobre ella y lo que hace. La exposición llamada “Testigo del Fin de un Mundo: Anne Chapman y los pueblos extintos de Tierra del Fuego” está desde el 7 de mayo en el Centro Cultural Palacio La Moneda. ¡Vayan a verla!

domingo, 4 de mayo de 2008

Sí se puede!!!

Cátedra Unesco-UDP sobre medios de comunicación y participación ciudadana

“El Ciudadano” Bruno Sommer

De chaqueta de cuero y voz pausada, Bruno Sommer se presentó este martes 29 en la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP, para hablar del éxito de su periódico “El Ciudadano” y de las nuevas posibilidades del periodismo en nuestro país.

Con un estilo directo e informal, Bruno Sommer, director del periódico “El Ciudadano” nos contó su historia. Nos habló del “periodismo propositivo” y de la evolución del periodismo en Chile y de paso, nos entregó las claves para triunfar con un medio propio e independiente en un país en donde la prensa está en manos de pocos.

“El Ciudadano”, periódico mensual que ya cuenta con un tiraje de 15 mil ejemplares, página web y cobertura de Arica a Punta Arenas, nace en la Unión como iniciativa del propio Sommer, destinada a romper con el cerco del duopolio de la prensa en Chile. “La idea era generar nuevas pautas a nivel local y hacer que las voces ciudadanas tuvieran un espacio en la prensa. Que la gente se manifestara y le tomara el peso a la comunicación como motor para la acción”, cuenta Sommer.

Con el paso del tiempo y el éxito obtenido en su ciudad natal, “El Ciudadano” se extendió a la provincia de Ranco y luego a la Región de los Ríos, para lograr, finalmente, llegar a todo el país y establecer una sede en la capital.

“Mi idea era abrir un espacio para una sociedad civil que no encuentra los medios para participar, que fue desarmada y desarticulada en la época de la dictadura y que hoy recién comienza a hablar del periodismo ciudadano”, señala Bruno Sommer, quién propone un nuevo “periodismo para la acción”, en donde la ciudadanía pueda llevar a cabo denuncias e investigaciones de interés real para la gente.

“El Ciudadano” hoy cuenta con un equipo interdisciplinario de periodistas y profesionales como sociólogos, antropólogos y publicistas. Para lograr el financiamiento, Sommer cuenta que “lo primero que hay que hacer para sacar un nuevo medio es asegurar la plata. Conseguir avisadores y buscar el financiamiento, cotizar e informarse de las posibilidades que hoy existen, sobre todo con las nuevas tecnologías”.

En efecto, Bruno Sommer y su equipo de trabajo lograron obtener personalidad jurídica como Centro Cultural “Ciudadanos en acción” una manera –según cuenta Sommer- de optar a concursos y mayor financiamiento.

“Sacar un medio no es difícil y ustedes, como estudiantes de periodismo, deberían pensar en nuevos proyectos y así no depender de líneas editoriales de medios ya establecidos que coartan nuestra libertad. Para esto, las tecnologías están a nuestro favor”, comentó Sommer.

El modelo a seguir

En el periódico de Bruno Sommer participan pocas personas. El director, dos editores, un productor y algunos periodistas free lance. El financiamiento, en sus inicios, fue posible gracias al avisaje local de pequeños comerciantes, y hoy funciona con canjes en radios, algunas marcas con fuerte desarrollo de RSE (responsabilidad social empresarial) y promoción directa.

Incluso están viendo la posibilidad de un sistema de suscripciones “leales” pues “aunque podemos cobrar más para cubrir los gastos de envío, la gente que nos conoce hace tiempo nos sigue leyendo y pagaría por suscribirse. Existe mucha lealtad”, cuenta Sommer. Las ganancias obtenidas por publicidad y ventas son destinadas en su mayoría a mejorar el periódico, su página web y los sueldos de sus trabajadores.

“Acá el editor, el director y el productor ganan lo mismo. No hay diferencias de sueldo y lo que ganamos tratamos de distribuirlo en nuestros periodistas, que ganan según la nota que se publica, su importancia y cantidad de información” cuenta el director.

Las reuniones de pauta del periódico son abiertas. Muchas veces asisten personas que tienen temas ciudadanos y que son invitadas a proponer nuevos planteamientos. Entre los temas tratados por “El Ciudadano” está la iniciativa ciudadana de ley -para lograr la ley de bases de participación ciudadana-, el cuidado del medio ambiente, los problemas de discriminación y todos los contenidos que sean de real importancia para la ciudadanía.

Además, este periódico ciudadano cuenta con una red de “medios amigos” los cuales forman la “Red de medios libertarios para los pueblos de Chile”. “Mapu Express”, “Aldea comunicaciones” y “El polémico” son parte de esta red que esta logrando romper con el cerco informativo que existe en el país.

Bruno Sommer cuenta que debido a esto, los grandes medios como El Mercurio hacen caso omiso de su existencia. “En El Mercurio iba a salir una nota sobre nosotros y por órdenes de “arriba” no pudo salir publicado. Eso demuestra el poco interés que existe de su parte y el miedo porque les quitemos terreno, aunque lo que nosotros queremos hacer no es ganarle a los medios tradicionales, sino que entregar una nueva opción”.

Una opción pluralista e independiente que sigue tomando fuerza con el paso del tiempo y que tiene a un periodista “anarco-ecológico y creacionista” -según las propias palabras de Sommer-, como líder de una nueva forma de periodismo, en donde todas las voces pueden ser escuchadas.


Les recomiendo a todos que lo compren o lo lean en:


http://www.elciudadano.cl/



jueves, 13 de marzo de 2008

Carrera espacial???


A pesar del sufrimiento, ya me acostumbré.

A las nueve en punto me siento frente a la tele a ver las noticias.
Las del 13 generalmente, aunque muchos dicen que son “contra el gobierno”.

¿Debo estar a favor de él?

Sale Mauricio Hoffmann con su mejor pinta introduciéndonos a la primera gran noticia de la noche. La más importante o –muchas veces- sólo la más impactante, es decir, la que más podría vender.

Generalmente parten con política, aunque la verdad es que todo lo que se habla, tiene que ver con eso, directa o indirectamente. Sea cual sea el tema, casi siempre aparecen las opiniones de los políticos de moda. Últimamente parece que han intentado ser imparciales, y ponen a uno de izquierda y después a otro de derecha. El que dice que todo está bien, y el que es ciento por ciento negativo. Todos mentirosos.

El punto es que hoy me llamó la atención el tema del satélite “multipropósito” que nuestro súper país cuasi desarrollado quiere mandar al espacio.

Hoffmann aparece con cara de contento comentando que el satélite debería estar en órbita en marzo de 2010, y que su costo gira alrededor de los 70 millones de dólares.

70 millones de dólares. 30.342.472.565 pesos chilenos.

La nota sigue con la opinión de un experto en geografía (¿o era geología?) y un tipo de la Fach. El primero hablaba de los beneficios del satélite para detectar plagas y un sin número de reacciones y condiciones geomórficas. El segundo, de lo bueno que es para nuestro país el envío de este satélite, de sus múltiples usos –en agricultura, pesca, minería- y del papel de las Fuerzas Aéreas como supervisoras del nuevo juguetito.

Incluso apareció el rector de la Universidad Católica, Pedro Pablo “papa en la boca” Rosso, comentando que esa casa de estudios firmó un acuerdo para que el satélite se utilice en el río Toltén, una zona que podría ser beneficiada con este satélite “geoestacionario”, el cual informaría sobre las condiciones del terreno para el desarrollo del lugar. Un lugar que –según destacó el Canal 13- es habitado en precarias condiciones.

Claro, el famoso satélite va a ser de ayuda para acabar con la pobreza.
La pobreza. Esa es la palabra que te queda dando vueltas después de toda la parafernalia del satélite.

Y es en ese momento cuando uno empieza a hervir de rabia. O sea, la primera reacción es de risa. Pero risa irónica.

Porque nos venden en las noticias la pomada tecnológica, del adelanto, de la carrera espacial chilena, de nuestro país en vías de desarrollo, que lo único que quiere es parecerse a los países del norte, sin tener la humildad de mirar el valor de sus vecinos Latinoamericanos.

70 millones de dólares desperdiciados en la “imagen país”, puro marketing innecesario a través del cual Chile puede demostrar al mundo sus adelantos y avances.

¿Realmente no se darán cuenta de que el desarrollo tiene sus bases en la educación y la igualdad de oportunidades?

¿Serán tan bestialmente capaces, nuestros gobernantes de la Concertación, de hacer vista gorda a los problemas sociales de nuestro país para entretenerse con juguetitos tecnológicos que son una burla para toda la gente que votó por ellos?

¡Y más encima inventan ciertos beneficios del satélite para acabar con la pobreza! ¡Qué es eso!

Está bien, muchos pueden decirme que una cosa no tiene que ver con la otra. O que estoy exagerando. El punto está en que, si el gobierno se preocupara por los problemas reales de nuestra sociedad y les diera la absoluta prioridad a temas como la salud, la educación y la igualdad de oportunidades, nadie que viera el reportaje del famoso satélite reaccionaría así.

Porque quieren mantenernos cegados a que el país tiene una economía envidiable, o que somos más adelantados que nuestros vecinos.

Y la verdad, es que existe una masa crítica que está cada vez más despierta a lo que sucede en nuestro país. Jóvenes que no se conforman con la basura que dan por la tele, con las asquerosas mentiras que nos muestran en las noticias, con la cara sonriente de los falsos políticos interesados en la plata por sobre el bienestar de la ciudadanía que los votó en las urnas.


Cuando uno habla así, los demás –cegados a lo que está pasando- critican exceso de negatividad o incluso rebeldía.

Yo creo que hay tres opciones al respecto: ser conformistas y ciegos a la verdad que está explotando como cabritas recién hechas frente a nuestros ojos, sin querer ver; irse al Valle del Elqui y desconectarse de nuestras sociedades modernas o, por último, comenzar a ser una voz que quiere ser escuchada.


No podemos salir a las calles a protestar, porque es algo que no da resultados.

No podemos pensar en conversar con las autoridades, porque todos, absolutamente TODOS quienes están en el poder ya no tienen remedio y están poderosamente insertos en una dinámica político-económica nefasta para nuestra sociedad.

Lo que sí podemos hacer es conversar, discutir y expresar nuestra disconformidad, nuestra absoluta decepción por los poderes que nos gobiernan.


Porque si existe alguien, aunque sea una sola persona que se de el tiempo de leer esto, ya habré contribuido pequeñísimamente a que la realidad que se sigue ocultando, salga a la luz.


Si con esto logro que alguien le de una vuelta al asunto, me doy por satisfecha.

domingo, 2 de marzo de 2008


Viajé muchos kilómetros en auto.
Dormí en carpa, sentí frío y calor.
Comí milanesas y pizzas sin medirme.
Miré el cielo constantemente. Me sentí pequeña.
Dejé atrás mi verdad y escuché la de ellos.
Miré a los ojos y sonreí sinceramente.
Me emocioné con los niños y sus canciones.
Caminé mucho, incluso descalza.
Dormí y desperté con ganas.
Me cansé y no me importó.
Hablé de todo. Y con todos.
Nadé más que nunca.
Dejé que la lluvia me mojara por completo.
Me dejé sorprender.
Canté sin vergüenza e incluso compuse mi propia letra.
Me duché al aire libre. Y con agua fría.
Me enojé sólo tres veces.
Dejé atrás mi ansiedad y seguí su ritmo.
Puse a prueba mi paciencia.
Dejé que el sol quemara mi piel.
Anduve en bikini sin vergüenza.
Acepté regalos sin sentirme comprometida.
Les di las gracias de corazón.
Probé comidas que no me gustan.
Me sentí sola y libre.
También me sentí acompañada. Y querida.
Dejé que el viento me diera frío.
No sentí nostalgia.
Dejé de lado mis prejuicios.
Me enamoré de sus historias.
Los admiré.

Sentí que sí es posible.

miércoles, 16 de enero de 2008

Declaración de principios


Cuando a uno le hablan de vocación, es difícil entender todo lo que engloba el concepto. Pienso que el “llamado a servir” no tiene bases firmes si no se complementa con acción y trabajo real.

Debo admitir que nunca sentí una vocación clara en mi vida, y eso explica mis distintas experiencias universitarias. Sin embargo, a pesar de que el mundo occidental te enseña a ser exitoso y a no fracasar, pienso que la vida me ha entregado múltiples herramientas para poder ser un profesional integral.

Nada es fracaso, todo es experiencia.

A poco más de un mes de comenzar mi cuarto año de periodismo, el camino recorrido me ha entregado las bases necesarias para saber hacia dónde quiero ir. El camino a seguir está guiado por mis ansias de aprender sobre la humanidad, los lazos sociales que nos unen (y dividen) y la formación –partiendo del compromiso y la acción ciudadana- de un país integrado, solidario, generoso con todos sus habitantes, en donde la equidad sea base del desarrollo.

Creo que la educación es fundamental para fundar cimientos sólidos en nuestra sociedad, y siento que los medios son parte esencial de este proceso. Mi interés radica en utilizar mis herramientas como periodista, en la construcción de una sociedad justa, en dónde los medios vuelvan a cumplir con su labor fundamental de construir una realidad social imparcial, en donde la información certera, pluralista y desinteresada, sean bases sólidas para la formación de seres humanos completos.

No me conformo con un país que crece económicamente a pasos agigantados. No creo en el éxito como un fin. Más bien creo en la felicidad compartida de todos quienes vivimos en este país.

No me conformo con lo que dicen los medios tradicionales. Tengo claro las dinámicas mercantiles que nos gobiernan, y no me dejo engañar por la realidad aparente que nos muestra nuestra prensa local.

Siento la necesidad de crear nuevos medios de comunicación. Más reales, más verdaderos, sin adornos, sin colores políticos ni religiosos.

Creo en la igualdad social, racial, de géneros. Porque somos todos iguales, con las mismas necesidades básicas, con los mismos anhelos de bienestar.

Hoy, el periodismo tradicional es un producto y como tal, ha debido insertarse en un mundo globalizado, esclavo del tiempo, de la eficiencia inmediata, de los resultados fabulosos. Me parece que aún así, hay espacio para un periodismo más humano, capaz de incluir a todos los integrantes de nuestra sociedad, interesado en restaurar nuestro patrimonio cultural, preocupado de los intereses reales del ser humano, como ser social.

Como periodista, quiero entregar mis capacidades a favor de un desarrollo humano de calidad. La teoría y la práctica unidas en torno a las mejoras sociales, a un mundo más justo.